domingo, 13 de noviembre de 2016

El embrujo de Granada... un adelanto



 El embrujo de Granada
by
Lucy Solen

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La maravilla de aquel lugar, no sólo eran las vistas espectaculares de la Alhambra, sino cerrar los ojos y perderse en  él, en esa locura que a ambos nos poseía cuando estábamos juntos, ese era el mejor escenario de cuanto podía poseer esta ciudad.
Así, en ese lugar tan mágico para todos, formó parte de nuestra vida, donde vimos pasar cada cambio de estación. La belleza era eterna, inmortal, permanecía perpetuo como nuestro amor. Allí vimos caer las primeras hojas del otoño, tiñendo todo cuanto nos rodeaba de esos colores dorados, amarillentos, dejando despojado a los árboles de cuantas hojas tenían. Y siempre él y yo, en aquel lugar nos regalábamos nuestro amor, nuestra complicidad en palabras o en silencios, con la mirada y la expresión de nuestro cuerpo.
Ese mismo lugar vio junto a nosotros la primera caída de esos tímidos copos, la entrada al invierno, a ese frio, esos días de quedarse en casa, pero nosotros cada semana acudíamos fieles a ese lugar a llenarnos de esa magia, contagiarnos del hechizo para deleitarnos con el embrujo de Granada y la seducción que nos hacía sentir a los dos.
En la noche ya caída, y bajo ese manto de luces que nos observaban, nos besamos regalándonos nuestro amor, nos separábamos dándonos caricias, su mano entre mi cuello  y mi mandíbula dibujaban el contorno de mi cara con la yema de sus dedos, algo delicado, lento y tierno, un elegante en sus movimientos, discreto y seductor solo con su tacto. Ese momento lo hubiera parado para el resto de mi vida si hubiera encontrado la fórmula correcta, por el contrario, el tiempo pasaba rápido, sin piedad, vertiginoso delante de nosotros, tan fugaz y veloz que era imposible de parar, pero aun así, cada momento con él, era vivido únicamente con tanta fuerza, que todo el cielo de Granada se podría estremecer a nuestro paso.
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