viernes, 3 de noviembre de 2017

LAS 5 LUNAS ( El despertar)








Aquel, el que despertó entre las sombras de la luna nueva. Aquel que surgió de las tinieblas, recobró ese aliento cortado tras décadas. Avanzó hasta un pequeño pueblo situado en un valle, rodeado por montañas y frondosos bosques, en esos mismos donde la criatura aguardo a la espera, a la caza de su última víctima.
Se adentró por las calles desiertas en esa madrugada de un frío invierno. Vagaba hacía un destino, una casa, un lugar concreto donde hacía millones de años fue desterrado a los confines de esas tinieblas, bajo ese suelo encadenado para cumplir su condena, no vencer al rey de las cinco lunas.

Tras largos minutos dejando huella por ese camino empedrado, su cuerpo se llenaba de esa renovada ansia por vivir y por dar caza, lucha y muerte al predecesor del descendiente del rey de las cinco lunas.
Hambriento, recobraba poco a poco los cinco sentidos. Su vista cada vez más nítida, su tacto aun áspero por el desgaste de sus carnes bajo la tierra, el gusto de amargor procedente de sus entrañas y el olfato de las criaturas de la noche, quienes en breve se despedirían de sus vidas. Su olfato se recuperaba de la muerte prolongada, del abismo de su condena.
Y así, con esa transformación entera de su cuerpo, bajo las mismas ropas de los pasados siglos, llegó a lo que era la plaza de ese pueblo. Bajo la iluminación de esas cuatro farolas amarillentas rodeando lo que en su día fue una fuente y ahora carente de agua solo servía de decoración hacia un tiempo pasado.
Aun en sus ojos azul claro, esa luz resplandecía demasiado, pero sus otros sentidos, se habían activado de una manera desmesurada. Ante él, apareció una de sus primeras víctimas que pudieran apaciguar esa hambre despertada.
No era un animal de presa, ni un animal doméstico perdido a esas horas de la madrugada guiado por la luna. Era un hombre, una presa que oscilaba de un lado para otro, intentando saber al lugar de debía de llegar.
Dor, una criatura de otro mundo terrenal, convertido en humano. Lo siguió hasta ponerse justo detrás del pobre borracho. Respiró hondo el perfume de la carne fresca y su lengua repasó por cada afilado diente que poseía. El alma sentenciada estaba demasiado embriagado para enterarse que estaba condenado a morir devorado por una bestia.

Y entre esos callejones, Dor, clavó sus uñas amarillentas y afiladas en la espalda de aquel hombre, quien su fortuna, en esa noche, no le acompañó. Sintió el desgarro de sus entrañas, la fuerza era brutal y el deseo de comer hizo que la muerte de ese borracho fuera inhumana y sanguinaria. Cada órgano arrancado de su cuerpo, engullido y masticado con la avaricia y el hambre acumulada bajo tierra de hace siglos.
Un charco de sangre en aquellos adoquines grisáceos fue la huella que Dor dejó en ese escenario de turbación. El último aliento, ese grito apagado por sentir su corazón fuera de su cuerpo. La última exhalación antes de formar parte de la sangre que circulaba por el cuerpo regenerado de la bestia despierta.
Como un animal, desapareció de esa estrecha calle, bajo esa poca iluminación nocturna, de lo que en principio, era un pueblo tranquilo. Comenzaba la caza de las almas perdidas y descarriadas de la vida humana.
Se alejó con la velocidad casi de un leopardo, apoyando sus manos en el suelo e impulsando con fuerza las piernas musculosas que había adquirido tras ese aperitivo. A lo alto de una de las colinas, donde podía divisar por completo el poblado se alzó para emitir un ruido que hizo que todos los seres animales que vivían allí temblaran ante la amenaza. Un ruido como de un lobo que retumbó por cada calle haciendo saltar cada alarma de negocio, cada alarma de coche hasta despertar casi a todos los seres humanos que habitaban allí.
En ese momento, en la lejanía y con esa visión generada como si de un infrarrojo poseyera detectó y enfocó lo que en su día fue el palacio del rey de las cinco Lunas. Se quedó quieto respirando con ansia, viendo como sus músculos ejercían una tensión  brutal. La bestia había encontrado el inicio de esa lucha, volvería....

Marcos, pegó un bote de la cama al percatarse del escándalo que había en la calle. Se puso unos vaqueros y un jersey lo más rápido que pudo y cogió su arma. Él era  el inspector de policía de ese pueblo.
Salió a la calle bajo el estridente sonido de todas las alarmas, muchos de los vecinos se encontraban con sus batines en las calles algo asustados. Marcos, se reunió con sus compañeros de profesión y poco a poco fueron desactivando cada una de las alarmas escandalosas. Verificaron cada una de las calles, por separado se dividieron las zonas, y al ser el pueblo pequeño, entre los cinco peinaron la zona.
Marco caminaba por una de las calles estrechas que daban a la plaza principal, iluminando cada rincón con una linterna avanzaba entre las grisáceas paredes y húmedos adoquines. Se paró en seco para iluminar el cambio de color del suelo, se agachó en cuquillas y con su mano deslizó con sus dedos el líquido viscoso. Frotó sus dedos y lo acercó a su nariz para asegurarse que esa apariencia era lo que temía, sangre.
Por la radio avisó a sus compañeros, ellos se presentaron a los pocos minutos para acordonar la zona y buscar más indicios de lo que podía haber pasado no hace mucho tiempo por el estado de la sangre. Registraron minuciosamente cada rincón, cada pared, donde todos iban encontrando no solo los restos de la salpicadura de la sangre, sino los restos viscosos de órganos y partes del cerebro junto con algunos huesos hechos astillas.
Anonadados por lo que estaban viendo, no daban crédito a lo que podía haber pasado o quien había sido capaz de hacer algo tan sangriento. Recogieron cada muestra de lo que había quedado, trozos minúsculos de partes del esqueleto humano con algún trozo de carne aun adherido a los tejidos gelatinosos.
Vecinos curiosos se acercaban, pero Marco enseguida les mando que regresaran a su casa, no había nada que ver de interés público en ese calle. Y tras un duro trabajo de toda la noche, viendo el sol nacer de entre las montañas se hizo la luz a lo que era la noche angosta y oscura de un asesinato en una localidad tranquila, el primer crimen desde hace muchos años.

Marcos, avisó al departamento forense para que vinieran a hacer un estudio de los restos que habían encontrado, debían de averiguar de quien se trataba y quien había podido perpetuar una muerte así. En una hora se presentó el forense con todo su equipo y una inspectora de otra comisaría para el estudio de ese homicidio. Alicia y Marcos se presentaron y enseguida se pusieron manos a la obra, recreando la escena del crimen con las pruebas, los restos que habían quedado esparcidos y las fotografías que habían tomado para que no quedara nada al azar.
Ambos junto con el forense, quien no era capaz de certificar con exactitud qué tipo de animal le había podido atacar, seguían tomando muestras de la huella de esos dientes afilados que habían dejado esa marca en los restos de los huesos hallados. El forense no podida catalogar que tipo de bestia podía con tanta fuerza desgarrar un cuerpo humano de esa manera.
A la hora de la comida, ya sabían de quien eran los restos, eran del dueño de la licorería, Sebastián, de 55 años, quien hacía un año o quizá menos había enviudado, lo cual, le había llevado a un depresión que ahogaba cada noche en el alcohol.
Alicia y Marcos se sentían atrapados, no había por dónde tirar en este caso tan extraño. Tenían al resto del equipo e incluso a los forestales rastreando la zona de ese animal desconocido. Lo que no sabían ellos que se enfrentaban a algo que no pertenecía ni a su mundo, una bestia despertada en una vida pasada y en otro mundo paralelo que hombre humano desconocía por completo, quizá solo la mitología o algún cuento de media noche se podía haber acercado a lo que eran ellos, y ahora Dor, buscaba su venganza y comenzaba así la conflagración de la batalla entre dos reinos.

Exhaustos ambos se retiraron para poder descansar y que su mente perturbada se asentara. Marcos acompañó al pequeño hotel a Alicia, pero antes, los dos en el restaurante de allí comieron algo, mientras daban mil y una vueltas a los informes. Marcos, rompió la conversación enfrascada en lo mismo preguntándole por sus años de servicio, veía joven a la inspectora, aunque él, tampoco es que fuera muy mayor. Los dos rondaban cerca de los cuarenta años. Comenzaron una conversación algo amena y cordial para conocerse algo más, ya que debían de trabajar conjuntamente.
Mientras comían algo por obligación, pues tenían ambos el estómago algo cerrado, continuaron narrando un poco su vida no solo profesional, sino algo personal. Ambos eran personas abiertas y congeniaron con rapidez.

Dor, se había escondido en la copa de los árboles más alto de aquel bosque, observando el paso de los animales y de los guardias que peinaban la zona. Su hambre volvía a resurgir y desde esa altura con su vista ya había avistado a su próxima víctima. Se encontraba solo, moviendo los rastrojos de las hojas, asomándose en cada agujero que veía. Dor, descendió lentamente del troco del árbol. Agarrándose con sus uñas afiladas y con la fuerza descomunal de su cuerpo. Sigiloso como un animal a punto de cazar su presa. El hombre atento a cada rincón que iba pisando e inspeccionando, pero ausente de la presencia de la bestia que más tenía que temer en aquel bosque.
Dor, se escondió en el interior de un tronco lleno de ramas. Estaba situado en el camino que el guarda forestal estaba explorando, caminaba poco a poco su presa, hasta que se encontró ese tronco. Primero metió la barra y dio con un tope, volvió a meterla y volvió a topar con lo mismo. Se arrodillo sobre las hojas húmedas y con su linterna y la cabeza casi metida, intentó ver que es lo que había en ese tronco.

Más de medio cuerpo dentro de aquel tronco, cuando cara a cara se encontró con Dor. Sacó sus afiladas garras clavándoselas en los brazos para amarrarlo y que no pudiera escarpar de allí. Antes de que el guarda forestal pudiera gritar, la bestia devoró su cara, le arrancó con sus dientes afilados su boca y sus ojos. Todo su rostro se borró. Saboreaba el placer de comer carne fresca y humana, para después centrarse y recrearse con los demás órganos. Ni tan siquiera un eco perdido en aquel frondoso bosque, nada más que ese grito, ese aullido final de Dor tras dejar tan solo los huesos arañados dentro de aquel tronco caído.
Hoy a la noche Dor, se acercaría al lugar donde todo dio el comienzo buscando al sucesor en la tierra de quien una vez quiso quitarle y privarle de su vida, de sus atentados contra los humanos irrumpiendo así el estado natura de la naturaleza.

Los agentes tras descansar, caída la noche esperaban a todos los hombres que habían desplegado por cada rincón del pueblo. Poco a poco fueron llegando todos a excepción de Isidro. Ninguno sabía dónde se había metido, lo cual era muy extraño pues era uno de los que mejor se conocía toda la zona. No daba contestación ni por radio ni a su móvil y ninguno de los vecinos le había visto regresar a casa. Todos se temían lo peor, lo único que habían escuchado en el eco de las laderas era ese aullido que retumbó en todo aquel valle, cuando hace años muchos años habían desaparecido los lobos de esa zona.
No se lo podían creer, se les estaba escapando realmente todo, pues no tenían nada, ni un rastro de que animal estaba atacando a su pueblo, algo que no se había catalogado en la evolución animal según el forense les había explicado, ahora se enfrentaban a una nueva desaparición con un desenlace que no pintaba nada bien.

Dor, tras haber engullido al guarda, satisfecho de haber quitado una vida para que él cogiera las fuerzas necesarias, prosiguió su acercamiento. Hoy en la noche se enfrentaría contra el rey de las 5 lunas, lo invocaría, conjuraría al cielo para convocar el rey que le condenó para retarle a la venganza.
Bajó por la ladera del bosque hasta situarse en el antiguo palacio, saltó por las frías piedras, agarrándose con sus afiladas uñas hasta conseguir acceder al tejado. Allí, se adentró para bajar al patio central que poseía una pequeña columna que estaba centrada sobre aquel cuadrado perfecto del patio, rodeado por una veintena de pilares.
Dor, se acercó al poyete central, esa piedra de un color marrón con reflejos dorados y plateados. Con sus manos fuertes agarró esa piedra y pronunció unas frases [Arederum irtama grinamo semiou ] pronunció esas palabras tres veces bajo la concentración de una mirada al cielo. En ese momento en ese firmamento, las nubes se tornaron moradas y azuladas de un color intenso y dejaron ver no solo una luna, sino las 5 lunas.

La sonrisa de Dor era amplia, en su mente la destrucción del que imploraba la calma sobre la faz de la tierra. En su gozo poder desatar el mal sobre toda la tierra: asesinatos, matanzas, reinaría el caos en este mundo, que para él, fuera creado a la perfección con las almas perturbadas y desequilibradas de muchos hombres.
Ante él apareció una nebulosa que bajaba del cielo, como si fuera un torbellino que descendía de las alturas. Una luz cegadora se hizo paso en aquel patio, esa luz que se pudo ver en todo el pueblo y llamó la atención de los dos agentes de policía.

Ambos salieron a la búsqueda de esa extraña luz que procedía del museo principal que tenían, el que guardaba la historia de lo que en tiempos pasados había sucedido. El palacio, la mayor reliquia que guardaban todos por sus libros de mitología y esa extraña piedra situada en el centro del patio interior que guardaba sin duda un secreto, su perfecta alineación ante las estrellas y las constelaciones que nadie a fecha de hoy podía darle una explicación.
Corrieron como si la vida les fuera en ello, hasta llegar a la puerta. Marcos, algo nervioso intentó localizar la llave en el manojo que llevaba en las manos, sus manos algo temblorosas reflejaban su estado. Alicia, fijaba su vista en el tejado llamada a la curiosidad de esa luz resurgida del cielo.
Ambos entraron una vez abierta la puerta, y con cautela se adentraron hacia el patio. Parados entre las columnas que lo rodeaban. Las pulsaciones de ambos estaban aceleradas y sus pechos palpitaban. Sus ojos no salieron del asombro de ver en que se convertía esa luz potente que cegaba casi sus ojos. Vieron descender a un hombre y hacerse paso entre esa luz. Vestido con una armadura de cuero, con una lanza en su mano, de esa lanza es de donde procedía esa luz. Como un diamante en el final de esa arma que sin duda parecía más potente y peligrosa de lo que ellos podían pensar.

Dor quitó sus manos de la piedra central, pero conservaba en ellas esa electricidad, esa fuerza y ese resplandor azulado. El rey de las 5 lunas lo miró desafiante, Dor no le perdía la mirada, esa mirada que se volvió color sangre. Se arrodilló ante la presencia de él, o eso es lo que el rey pensó, cuando se su boca salieron las almas perdidas de cada víctima de sus manos. Fantasmas perdidos en busca del mal rodeaban aquel patio, esos entes casi transparentes, esas sombras buscaban la muerte de quien tenían a su alrededor.

Marcos y Alicia seguían escondido entre esos pilares, bajo la visión de ese espectro que había bajado desde el cielo. Se miraban atónitos y espantados del peligro no solo el ser que había descendido, sino de la bestia y de la expulsión de esas almas perturbadas que pasaban casi rozándolos. Temían por sus vidas y su cara, a pesar de ser ambos, los mejores inspectores en crímenes, y que en su vida, ya alguna vez, no habían podido explicar algún crimen por lo extraño de las circunstancias, el horror dejaba traspasar por cada poro de sus pieles. Sus miradas casi en el punto de poder perder la vida por ser testigos, de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

El rey de las 5 lunas, se pronunció ante Dor. Esta vez no lo castigaría a los confines de dormir los siglos bajo tierra ausente de vida y movimiento para salvaguardar la existencia y la estabilidad de la tierra, del ser humano y todas las criaturas que había a su alrededor.
Bajo una lengua desconocida, ambos antes de entrar en conflicto, batallaban verbalmente sobre sus posiciones, pero como en pasados siglos, no llegó el convenio de la estabilidad, puesto que Dor, deseaba solo el mal. Entonces en ese momento declararon la batalla abierta.
De las manos de Dor salió esa luz potente como rayo de energía, entre un color azulado y amarillo creando un resplandor que dio luz a todo ese patio. Sacudió al rey de las 5 lunas tan potente, que lo estampó contra uno de los pilares abriendo una grita en éste. El rey se incorporó elevándose, levitando bajo el la superficie del suelo, levantando su lanza, alzándola hacía el cielo, ese cielo en el que habían aparecido cinco lunas, unidas en conjunción para centrarse en un rayo único que descendió hasta la lanza del rey, quien con rapidez arremetió con fuerza, no solo contra las almas impuras que había liberado Dor, sino contra él. El poder de esa energía lo dejó paralizado atado en uno de esos pilares. Mientras se retorcía de dolor, de rabia por no poder liberarse de esos lazos electrificantes que ejercían fuerza sobre él para dejarlo maniatado. El rey se acercó bajo cautela, aun con su lanza extendida y esa luz, ese rayo conteniendo las fuerzas de Dor. Pidió la rendición, el abandono de esa vida, de este mundo, le otorgaría la muerte perpetua tras robarle toda su fuerza y llevarle al olvido de los que un día fueron guardianes de los cielos y las estrellas.
Dor, concentrado en soltarse, de hallar la forma de coger nuevamente la fuente de fuerza, mientras el rey seguía esperando la doblegación y la rendición al casi Dios de la tranquilidad y armonía existencial. Se confió mucho, pues Dor, en un último enviste de fuerza, despertó en él los demonios que llevaba en su interior. Salieron por sus poros, por su boca y por todas las terminaciones de su piel una llamarada de cuerpos en llamas que hicieron doblegarse al rey. Dor, se liberó y arrebató la lanza al rey, la alzó y conjuró a todas las fuerzas del mal y del odio, aquellas que bajaban por el universo sin rumbo castigadas por sus vidas infames. Desató todo el mal y lo lanzó contra el rey, quien explotó al instante en mil cristales en el aire, como un rompecabezas esparcido por aquel patio.

El poder de Dor, el control de esas almas, la fuerza que le habían dado cada uno de los asesinatos que había cometido durante siglos en la tierra, dieron muerte al rey de las cinco lunas. El cielo se tiñó de un color púrpura y rojizo, las nubes se tornaron moradas, pero las cinco lunas seguían ahí.
Según narraban los papiros, las leyes escritas del cielo, sobre los dioses y los guardianes, al dar muerte al rey las 5 lunas, se desvanecerían si no había otro elegido. Dor, seguía con esa mirada ensangrentada, perversa y llena de maldad. La perversidad de sus crímenes, de la lucha, había llegado casi a su final, y el satanismo se desencadenaría en los próximos días. Como si se tratase de un apocalipsis en la tierra, Dor, daría caza a todas esas almas inertes, poseedoras del egoísmo,  de la perversión y la depravación y formaría un ejército tan fuerte, que diera muerte a todos los dioses conocidos y encargados de velar la línea de estabilidad de dos mundos paralelos.

Marcos y Alicia temblaban de pánico, mientras estaban abrazados y recogidos detrás de uno de los pilares. El espanto de lo vivido y de esas almas rondando su cercanía. Ellos sabían que tarde o temprano iban a ser descubiertos por esas nebulosas humanas que volaban como fantasmas libres por ese patio o por la mismísima bestia que había quedado libre. Ambos tenían en  una de sus manos su pistola, pero no sabían si esas balas servirían para dar muerte al horror de ese animal o el mismísimo hijo del diablo que aún seguía allí.

Dor, se acercó a recoger la lanza del rey de las 5 lunas, pero esta, cuando él estaba cerca y se había inclinado a recogerla, retrocedió. Hizo un  nuevo intento, y volvió a retroceder. Alzó su mirada nuevamente al cielo y allí volvió a contemplar las cinco lunas, brillantes y desafiantes. Si había dado muerte al rey, quién poseía las 5 lunas.
Las escrituras antiguas hablaban que solo un descendiente del rey poseería ese poder una vez muerto el padre. Pero Dor sabía que el único hijo que tuvo el rey fue dado caza y muerte por unos discípulos y pupilos suyos ya hacía más de quinientos años.
Dor lo que desconocía del rey, es que en sus últimos años, en la ausencia de su condena, había bajado, se había mezclado y unido con una humana.  De ese amor había surgido un niño, un ser diferente y aparentemente humano. Ese niño criado como un humano más, sin saber que el futuro le depararía el salvaguardar las vidas humanas y la tierra, cuando su padre muriese.


Ambos con señas comenzaron a comunicarse, debían salir de allí o enfrentarse a lo que fuera la cosa. Los dos, a pesar de no ser muy católicos se santiguaron y apretaron con fuerza sus armas. Fueron poco a poco avanzando por las columnas, de pilar en pilar para intentar acceder a la puerta, cuando Dor, se percató de la presencia de ellos.
De un Salto se puso delante de ellos, quienes por impulso le apuntaron con sus armas y le dieron alto como si se tratase de un delincuente. Sus armas temblaban como nunca antes, en su servicio a la policía, lo habían hecho. Sus corazones se estremecieron al ver la mirada de Dor, de una profundidad como si se tratase del interior de un volcán, rojo fundido en llamas. Su rostro y sus dientes afilados, sus garras y su aspecto, con los ropajes arrancados tras la lucha, daba pánico tenerlo delante. Ambos agentes empezaron a disparar sus armas, Dor a cada disparo recibido, retrocedía tan solo unos centímetros, los agujeros en su cuerpo apenas parecían rasguños.
Descargaron cada bala en él, pero eso a Dor, no le frenó para usar su poder contra ellos. Levantó una de sus manos cargadas de esa fuerza y arremetió contra Alicia. Recibió una oleada tan fuerte que la incrustó en la pared del final de ese pasillo. Marcos miraba horrorizado e impotente de ver a su compañera casi perdiendo la vida enquistada entre la piedra. A pesar de la lejanía se podía apreciar el cuerpo casi retorcido, los huesos doblados y la sangre que le brotaba por la boca.
Marcos miró a Dor ante la incomprensión de lo que estaba ocurriendo. Se arrodilló, levantó sus brazos hacia arriba y soltó su arma. En ese momento, la lanza que se hallaba perdida en el patio, en un movimiento más rápido que la luz, fue a parar a las manos de Marcos. Dor, se quedó parado. No podía creer que el rey de las 5 lunas hubiera tenido descendencia y menos en la tierra, era algo prohibido en las escrituras, aunque él, tampoco es que las hubiera cumplido.
Marcos no sabía muy bien que es lo que significaba que esa arma hubiera llegado hasta él. Pero lo que si sabía, es que poseía esa lanza un poder grandioso, sobrenatural y magnánimo que podía utilizar para matar la bestia que tenía delante de él. No dudó ni un solo segundo, dado que Dor, aún seguía quizá pensando y algo ausente, en atacarlo como lo había visto de ese, medio humano, que perdió la vida ante él. Elevó aún más sus brazos y cuando vio que la piedra brillante pesaba más de lo que él mismo, en peso, casi podía levantar, arremetió contra Dor. Le asestó un golpe tan fuerte, que el cuerpo le rebotó en la pared y fue a parar al centro del patio, muy cerca de la piedra que aun brillaba con luz propia. Marcos no paró allí, aun con las piernas temblorosas se acercó aún más a él y volvió a repetir lo mismo, una y otra vez, incesante hasta casi agotar sus fuerzas al sentir esa fuerza y esa energía brotar de esa lanza, mientras ese poder le atravesaba todo el cuerpo. Dor se encontraba casi abatido en el suelo del patio, en su cuerpo se reflejaban las heridas causadas, ya no disponía de su segunda y mejor arma, que eran esas vidas inertes condenadas que salían de su cuerpo. Eso le daba ventaja a Marcos, quien sin saber, quien era él, actuaba por impulsos para vencer al que procuraba el dolor y la destrucción.
El cuerpo de Dor se encontraba sujetado y casi abrazado a esa piedra central, y ya de rodillas Marcos, ya agotado y exhausto cargó su arma, fijó su vista a esas 5 lunas que le otorgaban la fuerza y el poder, esa lanza y ese casi diamante en la punta, aguantó, soportó el peso, la energía para lanzar una vez más sobre él. Esa fuerza generada traspasó el cuerpo de Dor dejándolo en un ser azulado y transparente, la energía tuvo tal magnitud que la piedra central recibió ese rayo. De ella salieron centellas color dorado, Marcos, tendido en el suelo tapó con su mano los ojos a la dimensión del brillo y la luz, y vio como Dor, era convertido en polvo brillante que ascendió y desapareció en ese cielo infernal.
El cielo volvió a la normalidad bajo ese renacer del cielo y la salida de ese amanecer, y poco a poco desaparecieron las 5 lunas. Jamás entendió por qué pudo con ese ser o cómo pudo hacerse él con la lanza. Tenía muchas preguntas que a lo largo de sus años iban a ser contestadas. Por ahora seguía destinado en ese pueblo como inspector de policía y continuaba en contacto con Alicia tras esa experiencia que ambos tuvieron en aquel lugar.
Su lanza, guardada y atesorada en su casa. Su atenta mirada hacia ella cada día que volvía a casa y ese poder que aún conservaba con esa lanza, sin saberlo, se había convertido en el Rey de las 5 Lunas.



FIN

LUCY SOLEN
2017

martes, 24 de octubre de 2017

LAS 5 LUNAS (Parte 1 -9)






Aquel, el que despertó entre las sombras de la luna nueva. Aquel que surgió de las tinieblas, recobró ese aliento cortado tras décadas. Avanzó hasta un pequeño pueblo situado en un valle, rodeado por montañas y frondosos bosques, en esos mismos donde la criatura aguardo a la espera, a la caza de su última víctima.
Se adentró por las calles desiertas en esa madrugada de un frío invierno. Vagaba hacía un destino, una casa, un lugar concreto donde hacía millones de años fue desterrado a los confines de esas tinieblas, bajo ese suelo encadenado para cumplir su condena, no vencer al rey de las cinco lunas.
2º parte

Tras largos minutos dejando huella por ese camino empedrado, su cuerpo se llenaba de esa renovada ansia por vivir y por dar caza, lucha y muerte al predecesor del descendiente del rey de las cinco lunas.
Hambriento, recobraba poco a poco los cinco sentidos. Su vista cada vez más nítida, su tacto aun áspero por el desgaste de sus carnes bajo la tierra, el gusto de amargor procedente de sus entrañas y el olfato de las criaturas de la noche, quienes en breve se despedirían de sus vidas. Su olfato se recuperaba de la muerte prolongada, del abismo de su condena.
Y así, con esa transformación entera de su cuerpo, bajo las mismas ropas de los pasados siglos, llegó a lo que era la plaza de ese pueblo. Bajo la iluminación de esas cuatro farolas amarillentas rodeando lo que en su día fue una fuente y ahora carente de agua solo servía de decoración hacia un tiempo pasado.
Aun en sus ojos azul claro, esa luz resplandecía demasiado, pero sus otros sentidos, se habían activado de una manera desmesurada. Ante él, apareció una de sus primeras víctimas que pudieran apaciguar esa hambre despertada.
No era un animal de presa, ni un animal doméstico perdido a esas horas de la madrugada guiado por la luna. Era un hombre, una presa que oscilaba de un lado para otro, intentando saber al lugar de debía de llegar.
Dor, una criatura de otro mundo terrenal, convertido en humano. Lo siguió hasta ponerse justo detrás del pobre borracho. Respiró hondo el perfume de la carne fresca y su lengua repasó por cada afilado diente que poseía. El alma sentenciada estaba demasiado embriagado para enterarse que estaba condenado a morir devorado por una bestia.

3º parte

Y entre esos callejones, Dor, clavó sus uñas amarillentas y afiladas en la espalda de aquel hombre, quien su fortuna, en esa noche, no le acompañó. Sintió el desgarro de sus entrañas, la fuerza era brutal y el deseo de comer hizo que la muerte de ese borracho fuera inhumana y sanguinaria. Cada órgano arrancado de su cuerpo, engullido y masticado con la avaricia y el hambre acumulada bajo tierra de hace siglos.
Un charco de sangre en aquellos adoquines grisáceos fue la huella que Dor dejó en ese escenario de turbación. El último aliento, ese grito apagado por sentir su corazón fuera de su cuerpo. La última exhalación antes de formar parte de la sangre que circulaba por el cuerpo regenerado de la bestia despierta.
Como un animal, desapareció de esa estrecha calle, bajo esa poca iluminación nocturna, de lo que en principio, era un pueblo tranquilo. Comenzaba la caza de las almas perdidas y descarriadas de la vida humana.
Se alejó con la velocidad casi de un leopardo, apoyando sus manos en el suelo e impulsando con fuerza las piernas musculosas que había adquirido tras ese aperitivo. A lo alto de una de las colinas, donde podía divisar por completo el poblado se alzó para emitir un ruido que hizo que todos los seres animales que vivían allí temblaran ante la amenaza. Un ruido como de un lobo que retumbó por cada calle haciendo saltar cada alarma de negocio, cada alarma de coche hasta despertar casi a todos los seres humanos que habitaban allí.
En ese momento, en la lejanía y con esa visión generada como si de un infrarrojo poseyera detectó y enfocó lo que en su día fue el palacio del rey de las cinco Lunas. Se quedó quieto respirando con ansia, viendo como sus músculos ejercían una tensión  brutal. La bestia había encontrado el inicio de esa lucha, volvería....

Marcos, pegó un bote de la cama al percatarse del escándalo que había en la calle. Se puso unos vaqueros y un jersey lo más rápido que pudo y cogió su arma. Él era  el inspector de policía de ese pueblo.
Salió a la calle bajo el estridente sonido de todas las alarmas, muchos de los vecinos se encontraban con sus batines en las calles algo asustados. Marcos, se reunió con sus compañeros de profesión y poco a poco fueron desactivando cada una de las alarmas escandalosas. Verificaron cada una de las calles, por separado se dividieron las zonas, y al ser el pueblo pequeño, entre los cinco peinaron la zona.
Marco caminaba por una de las calles estrechas que daban a la plaza principal, iluminando cada rincón con una linterna avanzaba entre las grisáceas paredes y húmedos adoquines. Se paró en seco para iluminar el cambio de color del suelo, se agachó en cuquillas y con su mano deslizó con sus dedos el líquido viscoso. Frotó sus dedos y lo acercó a su nariz para asegurarse que esa apariencia era lo que temía, sangre.
Por la radio avisó a sus compañeros, ellos se presentaron a los pocos minutos para acordonar la zona y buscar más indicios de lo que podía haber pasado no hace mucho tiempo por el estado de la sangre. Registraron minuciosamente cada rincón, cada pared, donde todos iban encontrando no solo los restos de la salpicadura de la sangre, sino los restos viscosos de órganos y partes del cerebro junto con algunos huesos hechos astillas.
Anonadados por lo que estaban viendo, no daban crédito a lo que podía haber pasado o quien había sido capaz de hacer algo tan sangriento. Recogieron cada muestra de lo que había quedado, trozos minúsculos de partes del esqueleto humano con algún trozo de carne aun adherido a los tejidos gelatinosos.
Vecinos curiosos se acercaban, pero Marco enseguida les mando que regresaran a su casa, no había nada que ver de interés público en ese calle. Y tras un duro trabajo de toda la noche, viendo el sol nacer de entre las montañas se hizo la luz a lo que era la noche angosta y oscura de un asesinato en una localidad tranquila, el primer crimen desde hace muchos años.


Marcos, avisó al departamento forense para que vinieran a hacer un estudio de los restos que habían encontrado, debían de averiguar de quien se trataba y quien había podido perpetuar una muerte así. En una hora se presentó el forense con todo su equipo y una inspectora de otra comisaría para el estudio de ese homicidio. Alicia y Marcos se presentaron y enseguida se pusieron manos a la obra, recreando la escena del crimen con las pruebas, los restos que habían quedado esparcidos y las fotografías que habían tomado para que no quedara nada al azar.
Ambos junto con el forense, quien no era capaz de certificar con exactitud qué tipo de animal le había podido atacar, seguían tomando muestras de la huella de esos dientes afilados que habían dejado esa marca en los restos de los huesos hallados. El forense no podida catalogar que tipo de bestia podía con tanta fuerza desgarrar un cuerpo humano de esa manera.
A la hora de la comida, ya sabían de quien eran los restos, eran del dueño de la licorería, Sebastián, de 55 años, quien hacía un año o quizá menos había enviudado, lo cual, le había llevado a un depresión que ahogaba cada noche en el alcohol.
Alicia y Marcos se sentían atrapados, no había por dónde tirar en este caso tan extraño. Tenían al resto del equipo e incluso a los forestales rastreando la zona de ese animal desconocido. Lo que no sabían ellos que se enfrentaban a algo que no pertenecía ni a su mundo, una bestia despertada en una vida pasada y en otro mundo paralelo que hombre humano desconocía por completo, quizá solo la mitología o algún cuento de media noche se podía haber acercado a lo que eran ellos, y ahora Dor, buscaba su venganza y comenzaba así la conflagración de la batalla entre dos reinos.

Exhaustos ambos se retiraron para poder descansar y que su mente perturbada de asentara. Marcos acompañó al pequeño hotel a Alicia, pero antes, los dos en el restaurante de allí comieron algo, mientras daban mil y una vueltas a los informes. Marcos, rompió la conversación enfrascada en lo mismo preguntándole por sus años de servicio, veía joven a la inspectora, aunque él, tampoco es que fuera muy mayor. Los dos rondaban cerca de los cuarenta años. Comenzaron una conversación algo amena y cordial para conocerse algo más, ya que debían de trabajar conjuntamente.
Mientras comían algo por obligación, pues tenían ambos el estómago algo cerrado, continuaron narrando un poco su vida no solo profesional, sino algo personal. Ambos eran personas abiertas y congeniaron con rapidez.

Dor, se había escondido en la copa de los árboles más alto de aquel bosque, observando el paso de los animales y de los guardias que peinaban la zona. Su hambre volvía a resurgir y desde esa altura con su vista ya había avistado a su próxima víctima. Se encontraba solo, moviendo los rastrojos de las hojas, asomándose en cada agujero que veía. Dor, descendió lentamente del troco del árbol. Agarrándose con sus uñas afiladas y con la fuerza descomunal de su cuerpo. Sigiloso como un animal a punto de cazar su presa. El hombre atento a cada rincón que iba pisando e inspeccionando, pero ausente de la presencia de la bestia que más tenía que temer en aquel bosque.
Dor, se escondió en el interior de un tronco lleno de ramas. Estaba situado en el camino que el guarda forestal estaba explorando, caminaba poco a poco su presa, hasta que se encontró ese tronco. Primero metió la barra y dio con un tope, volvió a meterla y volvió a topar con lo mismo. Se arrodillo sobre las hojas húmedas y con su linterna y la cabeza casi metida, intentó ver que es lo que había en ese tronco.
7 parte

Más de medio cuerpo dentro de aquel tronco, cuando cara a cara se encontró con Dor. Sacó sus afiladas garras clavándoselas en los brazos para amarrarlo y que no pudiera escarpar de allí. Antes de que el guarda forestal pudiera gritar, la bestia devoró su cara, le arrancó con sus dientes afilados su boca y sus ojos. Todo su rostro se borró. Saboreaba el placer de comer carne fresca y humana, para después centrarse y recrearse con los demás órganos. Ni tan siquiera un eco perdido en aquel frondoso bosque, nada más que ese grito, ese aullido final de Dor tras dejar tan solo los huesos arañados dentro de aquel tronco caído.
Hoy a la noche Dor, se acercaría al lugar donde todo dio el comienzo buscando al sucesor en la tierra de quien una vez quiso quitarle y privarle de su vida, de sus atentados contra los humanos irrumpiendo así el estado natura de la naturaleza.

Los agentes tras descansar, caída la noche esperaban a todos los hombres que habían desplegado por cada rincón del pueblo. Poco a poco fueron llegando todos a excepción de Isidro. Ninguno sabía dónde se había metido, lo cual era muy extraño pues era uno de los que mejor se conocía toda la zona. No daba contestación ni por radio ni a su móvil y ninguno de los vecinos le había visto regresar a casa. Todos se temían lo peor, lo único que habían escuchado en el eco de las laderas era ese aullido que retumbó en todo aquel valle, cuando hace años muchos años habían desaparecido los lobos de esa zona.
No se lo podían creer, se les estaba escapando realmente todo, pues no tenían nada, ni un rastro de que animal estaba atacando a su pueblo, algo que no se había catalogado en la evolución animal según el forense les había explicado, ahora se enfrentaban a una nueva desaparición con un desenlace que no pintaba nada bien.

Dor, tras haber engullido al guarda, satisfecho de haber quitado una vida para que él cogiera las fuerzas necesarias, prosiguió su acercamiento. Hoy en la noche se enfrentaría contra el rey de las 5 lunas, lo invocaría, conjuraría al cielo para convocar el rey que le condenó para retarle a la venganza.
Bajó por la ladera del bosque hasta situarse en el antiguo palacio, saltó por las frías piedras, agarrándose con sus afiladas uñas hasta conseguir acceder al tejado. Allí, se adentró para bajar al patio central que poseía una pequeña columna que estaba centrada sobre aquel cuadrado perfecto del patio, rodeado por una veintena de pilares.
Dor, se acercó al poyete central, esa piedra de un color marrón con reflejos dorados y plateados. Con sus manos fuertes agarró esa piedra y pronunció unas frases [Arederum irtama grinamo semiou ] pronunció esas palabras tres veces bajo la concentración de una mirada al cielo. En ese momento en ese firmamento, las nubes se tornaron moradas y azuladas de un color intenso y dejaron ver no solo una luna, sino las 5 lunas.

8 parte.

La sonrisa de Dor era amplia, en su mente la destrucción del que imploraba la calma sobre la faz de la tierra. En su gozo poder desatar el mal sobre toda la tierra: asesinatos, matanzas, reinaría el caos en este mundo, que para él, fuera creado a la perfección con las almas perturbadas y desequilibradas de muchos hombres.
Ante él apareció una nebulosa que bajaba del cielo, como si fuera un torbellino que descendía de las alturas. Una luz cegadora se hizo paso en aquel patio, esa luz que se pudo ver en todo el pueblo y llamó la atención de los dos agentes de policía.

Ambos salieron a la búsqueda de esa extraña luz que procedía del museo principal que tenían, el que guardaba la historia de lo que en tiempos pasados había sucedido. El palacio, la mayor reliquia que guardaban todos por sus libros de mitología y esa extraña piedra situada en el centro del patio interior que guardaba sin duda un secreto, su perfecta alineación ante las estrellas y las constelaciones que nadie a fecha de hoy podía darle una explicación.
Corrieron como si la vida les fuera en ello, hasta llegar a la puerta. Marcos, algo nervioso intentó localizar la llave en el manojo que llevaba en las manos, sus manos algo temblorosas reflejaban su estado. Alicia, fijaba su vista en el tejado llamada a la curiosidad de esa luz resurgida del cielo.
Ambos entraron una vez abierta la puerta, y con cautela se adentraron hacia el patio. Parados entre las columnas que lo rodeaban. Las pulsaciones de ambos estaban aceleradas y sus pechos palpitaban. Sus ojos no salieron del asombro de ver en que se convertía esa luz potente que cegaba casi sus ojos. Vieron descender a un hombre y hacerse paso entre esa luz. Vestido con una armadura de cuero, con una lanza en su mano, de esa lanza es de donde procedía esa luz. Como un diamante en el final de esa arma que sin duda parecía más potente y peligrosa de lo que ellos podían pensar.

Dor quitó sus manos de la piedra central, pero conservaba en ellas esa electricidad, esa fuerza y ese resplandor azulado. El rey de las 5 lunas lo miró desafiante, Dor no le perdía la mirada, esa mirada que se volvió color sangre. Se arrodilló ante la presencia de él, o eso es lo que el rey pensó, cuando se su boca salieron las almas perdidas de cada víctima de sus manos. Fantasmas perdidos en busca del mal rodeaban aquel patio, esos entes casi transparentes, esas sombras buscaban la muerte de quien tenían a su alrededor.

Parte 9

Marcos y Alicia seguían escondido entre esos pilares, bajo la visión de ese espectro que había bajado desde el cielo. Se miraban atónitos y espantados del peligro no solo el ser que había descendido, sino de la bestia y de la expulsión de esas almas perturbadas que pasaban casi rozándolos. Temían por sus vidas y su cara, a pesar de ser ambos, los mejores inspectores en crímenes, y que en su vida, ya alguna vez, no habían podido explicar algún crimen por lo extraño de las circunstancias, el horror dejaba traspasar por cada poro de sus pieles. Sus miradas casi en el punto de poder perder la vida por ser testigos, de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

El rey de las 5 lunas, se pronunció ante Dor. Esta vez no lo castigaría a los confines de dormir los siglos bajo tierra ausente de vida y movimiento para salvaguardar la existencia y la estabilidad de la tierra, del ser humano y todas las criaturas que había a su alrededor.
Bajo una lengua desconocida, ambos antes de entrar en conflicto, batallaban verbalmente sobre sus posiciones, pero como en pasados siglos, no llegó el convenio de la estabilidad, puesto que Dor, deseaba solo el mal. Entonces en ese momento declararon la batalla abierta.
De las manos de Dor salió esa luz potente como rayo de energía, entre un color azulado y amarillo creando un resplandor que dio luz a todo ese patio. Sacudió al rey de las 5 lunas tan potente, que lo estampó contra uno de los pilares abriendo una grita en éste. El rey se incorporó elevándose, levitando bajo el la superficie del suelo, levantando su lanza, alzándola hacía el cielo, ese cielo en el que habían aparecido cinco lunas, unidas en conjunción para centrarse en un rayo único que descendió hasta la lanza del rey, quien con rapidez arremetió con fuerza, no solo contra las almas impuras que había liberado Dor, sino contra él. El poder de esa energía lo dejó paralizado atado en uno de esos pilares. Mientras se retorcía de dolor, de rabia por no poder liberarse de esos lazos electrificantes que ejercían fuerza sobre él para dejarlo maniatado. El rey se acercó bajo cautela, aun con su lanza extendida y esa luz, ese rayo conteniendo las fuerzas de Dor. Pidió la rendición, el abandono de esa vida, de este mundo, le otorgaría la muerte perpetua tras robarle toda su fuerza y llevarle al olvido de los que un día fueron guardianes de los cielos y las estrellas.
Dor, concentrado en soltarse, de hallar la forma de coger nuevamente la fuente de fuerza, mientras el rey seguía esperando la doblegación y la rendición al casi Dios de la tranquilidad y armonía existencial. Se confió mucho, pues Dor, en un último enviste de fuerza, despertó en él los demonios que llevaba en su interior. Salieron por sus poros, por su boca y por todas las terminaciones de su piel una llamarada de cuerpos en llamas que hicieron doblegarse al rey. Dor, se liberó y arrebató la lanza al rey, la alzó y conjuró a todas las fuerzas del mal y del odio, aquellas que bajaban por el universo sin rumbo castigadas por sus vidas infames. Desató todo el mal y lo lanzó contra el rey, quien explotó al instante en mil cristales en el aire, como un rompecabezas esparcido por aquel patio.

MAÑANA EL ESPERADO FINAL ¡¡¡¡¡¡¡¡ Buenas noches a todos Lucy Solen